Patricia Benito nació en una isla y no sebe nadar. Ha vivido en tres ciudades, nueve hogares y alguna casa. Se ha enamorado una vez. Ha bajado corriendo de un tren en llamas y ha visto explotar una bomba. No cree en las cosas que duran para siempre. O sí, no lo sabe. Las fresas, con leche condensada. Cada cierto tiempo necesita cambiar cosas de sitio, ya sean muebles, personas o toda mi vida. Si no viaja, no puedo respirar. Tiene incontinencia sentiverbal. Se pierde en cualquier atardecer, a ser posible con mar. Prequiere demasiado rápido y desquiere demasiado lento. No recuerda la última vez que me dormí pronto. Mide el tiempo en medias cervezas y no hace planes a más de cerveza y media. Llora en las manifestaciones cuando oigo a Labordeta. Te necesita cerca, pero no encima. Siempre va con el más débil. No imagina un mundo sin queso, ni sin chocolate. Comenta que casi siempre es mejor dar que recibir, y no estoy hablando de sexo; no solo de sexo. La reina de su casa es una gata coja que no para de ronronear. Le gustaría que la empatía movierá el mundo, no solo el suyo.